La decisión del IAB Suecia de expulsar a Meta no es un gesto burocrático, es la constatación de que el modelo de negocio de Zuckerberg se alimenta, en parte, de permitir el crimen organizado en su vitrina.
La noticia pasó casi desapercibida en los portales de negocios locales, pero el Interactive Advertising Bureau (IAB) de Suecia acaba de hacer lo que pocos se atreven: echar a Meta por la puerta de atrás. El motivo es simple y sucio: la incapacidad —o falta de voluntad— de la empresa para frenar las estafas que usan rostros de celebridades para vender inversiones falsas. No es un error de código; es una decisión financiera.
En Chile conocemos bien la dinámica. Basta abrir Instagram para encontrarse con un video generado por IA donde un empresario como Andrónico Luksic o un animador de matinal supuestamente revela el secreto para hacerse millonario. El usuario hace clic, entrega sus datos y el resto es historia conocida en las fiscalías. Lo que no se dice suficiente es que Meta cobró por ese anuncio. Recibió el dinero del estafador, validó su tarjeta de crédito y usó su capacidad de segmentación para encontrar a la víctima perfecta.
Sostener que Meta es una víctima de la complejidad de sus propios algoritmos es ingenuo. Si la plataforma es capaz de detectar en milisegundos si una canción tiene derechos de autor para bajar un video, tiene la tecnología para identificar que un anuncio de criptomonedas con la cara de un político local es, al menos, sospechoso. El problema es que limpiar la casa sale caro y reduce el inventario publicitario. En El Canil entendemos que, en el mercado real, lo que no se mide y no se castiga, se incentiva.
El argumento de Meta suele ser el de la escala. Dicen que gestionan millones de anuncios por segundo y que es imposible revisarlos todos manualmente. Es una lógica atendible desde la ingeniería, pero cínica desde la responsabilidad empresarial. Si abres un centro comercial y permites que en los pasillos se vendan remedios falsos que matan gente, no puedes culpar al tamaño del edificio por no haber fiscalizado a los locatarios. Eres el dueño del lugar y te estás llevando una comisión por cada venta fraudulenta.
La movida de Suecia marca un precedente porque le quita a Meta el escudo de «socio de la industria». Al ser expulsados, dejan de ser parte del estándar que define cómo se hace publicidad digital seria. Para las agencias y marcas en Latam, esto debería ser un llamado de atención: seguir invirtiendo presupuestos millonarios en una plataforma que permite que convivan marcas legítimas con estafas burdas no solo es un riesgo reputacional, es validar un mercado negro que termina erosionando la confianza de sus propios clientes.
Zuckerberg no es un cómplice pasivo; es un arrendatario que sabe perfectamente que en el tercer piso se cocina droga, pero como el arriendo llega a tiempo y en dólares, prefiere subirle el volumen a la música. La pregunta es cuánto tiempo más el resto de la industria en la región va a seguir fingiendo que el ruido no molesta.

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