Fotografía ilustrativa por Ana Flávia en Unsplash

Yahoo y el fetiche de la IA: No basta con ponerle motor nuevo a un desguace

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Jim Lanzone busca que Yahoo deje de ser un recuerdo de los noventa a punta de algoritmos generativos. Pero en el mercado real, la tecnología no cura la falta de propósito.

Yahoo es ese pariente que todavía cuenta historias de cuando fue capitán del equipo, mientras el resto de la mesa ya está hablando de otra cosa. La reciente ofensiva de su CEO, Jim Lanzone, reportada por medios como Ecosistema Startup, pone sobre la mesa a ‘Yahoo Scout’ y una serie de integraciones de inteligencia artificial que pretenden devolverle el brillo a una marca que hoy sobrevive más por inercia que por deseo del usuario. La tesis de Lanzone es simple: usar la IA para conectar sus archipiélagos de contenido (Finanzas, Deportes, Noticias) y volver a ser una guía útil en internet.

El problema es que la IA no es una estrategia de salvación, es apenas un costo de entrada. Lanzone está intentando arreglar un problema de identidad con una herramienta de eficiencia. En Chile y el resto de Latinoamérica, el usuario promedio no entra a Yahoo porque busque innovación; entra porque tiene un correo viejo que nunca cerró o porque el widget de finanzas venía preinstalado en su teléfono. La marca ha pasado de ser el centro de la red a ser una utilidad invisible, un ‘commodity’ de tráfico que se monetiza por volumen, no por relevancia cultural.

Mientras en espacios como El Canil diseccionamos cómo el poder digital se mueve hacia donde hay atención real, Yahoo intenta comprar esa atención con esteroides tecnológicos. En agencias de publicidad de Santiago o Ciudad de México, Yahoo ya no es la primera opción para una campaña que busque ‘ruido’; es el lugar donde compras clics baratos para rellenar un plan de medios. Ponerle IA a ese modelo es como ponerle un sensor de proximidad a un auto que ya no tiene dirección: te ayuda a no chocar tan rápido, pero no te dice hacia dónde vas.

Hay que reconocerle un punto a Lanzone: Yahoo todavía tiene una cantidad masiva de datos y verticales que mueven dinero real, especialmente en finanzas. Optimizar eso con IA para que la experiencia sea menos torpe tiene sentido financiero. Es una jugada lógica para limpiar el balance y quizás preparar una salida o una venta más digna. Es mejor ser un gigante eficiente que uno que se cae a pedazos por negligencia técnica.

Sin embargo, la pregunta incómoda persiste: ¿Alguien despertó hoy pensando ‘ojalá Yahoo tuviera un chatbot para ayudarme a navegar’? La IA puede mejorar un producto que la gente ya ama, pero es incapaz de resucitar el afecto por una marca que se volvió irrelevante. Al final, lo que Lanzone está construyendo no es el futuro de la web, sino el sistema de soporte vital más caro de la historia para un muerto que se niega a dejar el cementerio.


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