Fotografía ilustrativa por Marissa Daeger en Unsplash

El fin del deseo: cuando la IA elige por ti antes de que abras la billetera

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La noticia de que la inteligencia artificial ahora puede predecir tus compras antes de que tú mismo lo sepas no es un avance tecnológico; es el acta de defunción de la espontaneidad en el consumo.

Según reporta el Diario del Sur, el marketing digital ha cruzado una frontera donde el análisis de datos ya no solo rastrea el pasado, sino que moldea el futuro inmediato. En el retail chileno y en las grandes plataformas regionales, la carrera ya no se trata de quién tiene el mejor producto, sino de quién tiene la herramienta que mejor susurra al oído del comprador. No estamos ante un asistente de ventas, sino ante una maquinaria de predeterminación.

Lo que ocurre hoy en las oficinas de las grandes marcas en Las Condes o en los centros de datos de Ciudad de México es una transferencia de poder silenciosa. Cuando una aplicación te ofrece exactamente el café que querías o el repuesto que se iba a romper mañana, no estás ejerciendo tu libertad de elegir. Estás validando un cálculo matemático. El deseo, ese motor humano que nace de la carencia o del capricho, se vuelve un producto procesado. Si el sistema sabe qué vas a comprar, el acto de elegir se convierte en un simple trámite administrativo, tan emocionante como pagar una contribución.

Hay que reconocer el valor de la conveniencia. Es cómodo que el supermercado te recuerde la leche antes de que se acabe o que una plataforma te ahorre horas de búsqueda entre estantes virtuales. En un mundo donde el tiempo es el recurso más escaso para un trabajador en Santiago o Bogotá, la rapidez que ofrece la IA es un alivio real para resolver el día a día sin fricciones. La tecnología, en este sentido, cumple su promesa de quitarle peso a la rutina.

Sin embargo, esa comodidad tiene un costo que no aparece en la boleta: la atrofia del criterio. Si externalizamos nuestras decisiones de consumo a una caja negra, terminamos viviendo en una burbuja de lo previsible. En El Canil el foco está en cómo estas lógicas de poder digital permean no solo lo que compramos, sino cómo trabajamos y nos relacionamos. Si dejas de elegir qué comprar porque la pantalla ya lo decidió por ti, pronto dejarás de cuestionar lo que recibes. El riesgo real no es que la IA se equivoque, sino que acierte tanto que ya no necesites tener voluntad propia.

La pregunta que queda flotando no es técnica, sino existencial. Si una máquina puede predecir tu próximo paso con un 99% de precisión, ¿realmente estás caminando o simplemente te están empujando?


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