La diferencia entre celebrar el Día del Padre con un asado o frente a una planilla de Excel no depende de cuánto quieras a tus hijos, sino de en qué código postal te tocó despertar.
La noticia que llega desde España, recogida por Heraldo.es, confirma una fragmentación absurda: este 19 de marzo solo será festivo en la Comunidad Valenciana y en la Región de Murcia. El resto del país tendrá que marcar tarjeta. Lo que llaman el «mapa de la envidia» no es más que la evidencia de que el tiempo libre se ha convertido en una moneda de cambio política, un botín que se reparte por regiones según el humor del gobernante de turno o la fuerza de los gremios locales.
En Chile conocemos bien esta dinámica. Aquí no tenemos el Día del Padre como feriado, pero hemos perfeccionado el arte de los feriados regionales y los «sándwiches» por decreto. Un día es el 20 de agosto en Chillán y otro es el feriado regional por la fiesta de La Tirana. Lo que parece un reconocimiento a la identidad local es, en la práctica, un desorden logístico que profundiza la brecha entre quienes pueden apagar el teléfono y quienes, en el retail o los servicios, deben redoblar esfuerzos para atender a los que descansan.
El problema de fondo no es el ocio, sino la arbitrariedad. Cuando el descanso se entrega como un beneficio discrecional, se rompe el contrato básico de productividad. En el análisis de poder y trabajo que se realiza en El Canil, queda claro que esta fragmentación genera ciudadanos de primera y de segunda categoría. El padre que vive en Murcia tiene un derecho que el de Madrid perdió, no por una razón económica o de bienestar, sino por una firma en un despacho oficial.
Hay un argumento atendible del otro lado: la descentralización. Se dice que permitir que cada región elija sus festivos respeta su cultura y dinamiza el turismo local. Es cierto que un feriado un martes puede salvar el mes de una cadena de hoteles en la costa. Sin embargo, esa lógica ignora que el mercado actual no se detiene por fronteras administrativas. Una empresa con sede en Santiago que presta servicios a una minera en Antofagasta no puede permitirse un equipo a media máquina porque en una zona es feriado y en la otra no.
Al final, lo que queda no es más cultura ni más respeto por la paternidad. Lo que queda es un trabajador mirando de reojo el calendario del vecino, midiendo su valor personal en días libres que le fueron negados. Mientras el descanso siga siendo una lotería geográfica y no una política laboral seria, seguiremos gestionando el cansancio con parches que solo sirven para alimentar el resentimiento de oficina.

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