La queja por la caída del tráfico en Google se ha convertido en el deporte nacional de las agencias de marketing, pero Neil Patel acaba de ponerle una lápida a esa nostalgia en el Foro UNIR: menos visitas pueden significar más dinero.
Durante años, el éxito digital en Chile y el resto de la región se midió con una vara torcida. Gerentes de marketing en Providencia o dueños de e-commerce en Bogotá celebraban reportes llenos de ‘sesiones’ y ‘usuarios únicos’ como si fueran billetes en la caja. Pero la realidad es que gran parte de ese volumen era basura: gente que llegaba por error, buscadores de cosas gratis o clics accidentales en artículos de blog que no tenían nada que ver con la venta. Lo que Patel sostiene es una verdad incómoda: el SEO no está muriendo, simplemente se está sacando de encima a los que sobraban.
El cambio de reglas en Google, impulsado por la inteligencia artificial que responde directamente en la pantalla de búsqueda, ha eliminado el tráfico de curiosos. Si alguien busca ‘qué es un crédito hipotecario’ para una tarea de la universidad, ya no necesita entrar a la web de un banco; la respuesta aparece arriba. Eso baja las visitas del banco, pero no sus ventas. El que realmente quiere contratar un crédito sigue haciendo clic. El problema es que muchas empresas construyeron su presencia digital sobre la base de atraer a cualquiera, esperando que, por milagro, alguno comprara.
Esta limpieza expone a quienes no tienen un modelo de negocio real, sino una dependencia de la atención barata. En análisis sobre el poder digital como los que se encuentran en El Canil, se observa que la relevancia hoy se paga con utilidad, no con trucos de palabras clave. Si tu estrategia se desmorona porque Google dejó de enviarte gente que no iba a comprarte nada, entonces nunca tuviste una estrategia de marketing, tenías un contador de visitas inflado.
Hay un argumento atendible en el otro bando: el costo de entrada para los nuevos jugadores se ha vuelto brutal. Sin ese tráfico masivo que servía de red de pesca, una PyME tiene que gastar fortunas en pauta directa para que alguien sepa que existe. Google se está convirtiendo en un club privado donde solo los que ya tienen autoridad o billetera pueden jugar con ventaja. Es una barrera de entrada real y dolorosa para el emprendimiento local.
Sin embargo, seguir llorando por la pérdida de clics informativos es negarse a ver que el mercado maduró. El turismo de clics se terminó. Hoy, el desafío no es que te vean muchos, sino que te encuentren los pocos que están dispuestos a sacar la tarjeta de crédito. La pregunta para los dueños de negocios hoy no es cuánto tráfico perdieron este mes, sino por qué necesitaban a tanta gente que no les servía de nada.

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